lunes, 28 de diciembre de 2015

Lucas 1, 37 ...porque ninguna cosa es imposible para Dios.»





Lucas 1, 37 ...porque ninguna cosa es imposible para Dios.»

No puedo entender, es normal no entender, sin embargo que sea normal no lo hace menos doloroso.

Quisiera que mis anhelos si dispersaran por el viento, que cuando me levante no tenga más el deseo de ser madre. Duele mucho el pensar que probablemente nuestros pensamientos y tiempo se esté desgastando por algo no sabemos si algún día pasara.

Mujeres de la Sagrada Escritura como  Rebeca, Ana, Raquel, Isabel, la mujer de Manóaj  y la sunamita que hospedaba al profeta Eliseo, todas ellas pasaron por la triste situación de ser llamada estéril (Que no puede reproducirse) muchas de ellas sintieron el rechazo de la sociedad, tuvieron que pasar por tormentosos comentarios y humillaciones que hacían más grandes sus penas. Todas ellas acudían a Dios clamando por su misericordia y que les concedieran la gracia de ser madre. Es que el anhelo de ser madre es algo que nace del más profundo de nuestro corazón, algo que no se puede explicar. 

Cuando te das cuenta que eres infértil, vives un camino de confusión y una lucha no solo con tus pensamientos, si no con la presión de tu entorno, cuando te realizan los siguientes comentarios: "ya queremos nietos", ¿Para cuándo los niños?, "hay que tener los hijos rápido para disfrutarlos", "el reloj biológico no se detiene" nadie comprende el dolor que te causa el tener que escuchar una y otra vez lo mismo y no poderles decir que no puedes hacer nada para cambiarlo. Yo viví algunas etapas:

La primera etapa es negarlo, inicias con respuestas como: queremos disfrutar nuestro matrimonio, quiero terminar la casa primero, antes quiero seguir estudiando, con el trabajo no tendría tiempo para un hijo o cualquier cosa que te haga salir librada de tan terrible conversación, pues seguramente no pasara mucho para poder dar la gran noticia, en esta etapa mi oración era muy segura, pues pensaba como Dios no iba darme algo que es tan natural.


Segunda Etapa. El tiempo avanza los comentarios siguen y el milagro no llega, no tener con quien compartirlo es terrible, te sientes como si fueses un producto defectuoso, cuántas mujeres sin desearlo salen embarazadas. Recuerdo dos casos que me causaron mucha confusión, dolor y donde inicio mi etapa de enojo, una fue de una conocida que llevaba una vida un poco alocada, es decir, salió embarazada y no sabía ni quien era el padre de su bebe, no lo deseaba, no lo buscó, tampoco tenía con quien compartir tan grande alegría, porque a ella si me preguntaba, ya a estas alturas ya algunas personas cercanas sabían de nuestro problema y se me ocurrió la mala idea de compartirle mi confusión y me contesto que era una egoísta y que por creerme más que los demás no me concedía Dios mi anhelo, me sentí terrible al punto que comprendí nadie entiende lo que estoy viviendo si alguien tan cercano es tan indiferente a lo que siento, como lo tomaran los demás. No era que no me alegrara porque los demás tenían hijos es simplemente que no entendía porque yo no podía tenerlos. El otro caso fue un matrimonio muy hermoso que después de planificar un par de años dicen este mes dejamos de planificar y a la primera hemos podido concebir nuestro primer hijo, mi corazón se alegró por ellos, pero mi interior se desmorono pensando lo que nos aviamos esforzado con mi esposo, tantos intentos fallidos, tantas veces que había llorado cuando mi menstruación había llegado como una señal de nuestro fracaso. Acaso Dios a mí no me amaba era la voz que gritaba en mi interior, contener mis lágrimas y mantener mi sonrisa era mi más grande reto.  El poder ser madre es un regalo de Dios (Génesis, 4,1), al no recibirlo podemos caer en el terrible error de no sentirnos amadas. En esta etapa mi oración era llena de resentimiento, enojo y frustración.

Tercera etapa. La infertilidad ha sido algo que se han vivido mujeres en todos los tiempos y hoy en día es muy normal escuchar de mujeres que sufren de lo mismo. Lo difícil inicia cuando vemos que sus milagros van pasando y nosotras seguimos esperando el nuestro y nos preguntamos ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Cómo hemos de orar? ¿Qué más hacer?..
En esta etapa no sé cómo orar, me sentía cansada, cuando las personas me preguntaban ya explicaba sin ningún problema que era infértil, algunas personas me miraban con lastima, otras como que estaba exagerando y otras pues como que no es la gran cosa. Inician los consejos de todos tipos que también solían presionarme pues sentía que ya lo había intentado todo.

Hasta el momento sigo en mi búsqueda...

Mi historia, 2010 fue nuestro matrimonio, el 2011 diagnostican con problemas de infertilidad a raíz de un problema de ovarios, iniciamos una búsqueda de tratamientos los cuales fueron dolorosos y desgastantes emocionalmente y costosos.

Para el 2013 diagnostican infertilidad de origen no identificado y nos comunica la médico especialista en fertilidad  que en nuestro país no hay forma de seguir tratando natural y nos recomienda fertilización invitro,  nos informa no seguirá llevando nuestro caso pues ese era el siguiente nivel recomendado, este momento el más duro de todo nuestro matrimonio, como nuestra fe nos inspiró someter nuestro anhelo a la voluntad de Dios y rechazar esta “solución” que no es compatible con nuestra fe cristiana.

A raíz de esa situación quede emocionalmente muy afectada solo en la oración pudimos perseverar, en vista que las condiciones del trabajo en ese momento era de estrés elevado y largas jornadas de trabajo (hasta 13 horas bajo presión) después de mucha oración decidimos intentar todo lo que creíamos podría ayudar y tomamos la decisión de renunciar a mi trabajo para poder descartar que eso afectará, pero no mejoró, no dió resultado y económicamente se sintió más presión y al no haber ayudado decidimos que regresaría a trabajar pero no encontré empleo pues en las entrevista la causa de la decisión de mi renuncia no era de ¨peso¨. En Junio 2014 buscamos otra opinión médica  la cual me indico exámenes y se vio la necesidad de Operación quirúrgica  de mi esposo para mejorar nuestra condición y probabilidades de fertilidad, sin embargo también no tuvimos resultados, la segunda opinión nos indicó lo mismo de la primera, ya a estas alturas estebamos muy dispuesto a seguir intentando y tomar riesgos e iniciamos a buscar información sobre oportunidades que nos permitieran mejorar nuestra situación  en Houston, contactamos un centro especialista de fertilidad natural apoyado por la Iglesia Católica, así que después de mucha oración, análisis de todo lo vivido tomamos como matrimonio  la decisión de irnos y  después de comunicarlo a nuestras familias.
Después de ir al hospital nos explicaron que el método natural de fertilidad era por un año y el mismo era muy costoso, adicional no estaba disponible sino hasta a finales del 2015, discernimos que pese a todo cuestionamiento o incomprensión de personas cercanas y lejanas no podíamos endeudarnos más y continuar allá. Nuestro tema de infertilidad no lo expresamos como causa principal de viaje ya que algunas personas no comprende mucho la importancia de este tema y hacen comentarios sin mala intención pero que nos hieren o nos hacen sentir incomprendido y preferimos evitar estas situaciones, por lo que la causa principal de nuestro viaje la manejamos  que era irnos a estudiar.
Aun bajo nuestros intentos, esfuerzos, oración, ayuno, rosario, peregrinaciones, sacrificamos tiempo, dinero, trabajo, comodidades, familia, vivimos carencias, etc. aun con todo esto logramos nuestros anhelos pero sabemos que lo hemos intentado todo lo que hemos podido y nada lo hemos hecho por impulsos, siempre confiando en que Dios, quien nos formó en humildad, confianza en su providencia pues solo El, nos sostuvo y nos cuidó en todo momento y estamos seguros que su voluntad es perfecta.
En nuestro regreso fue muy difícil, pues en ese momento pese a todos los esfuerzos nos sentimos fracasado, sin muchas esperanzas, inició un proceso de justificación que para muchos fue motivo de incomprensiones, recriminaciones, duros juicios y rechazos,  sin embargo lo que vivimos nos hizo muy fuerte ante estas situaciones sin albergar resentimientos y bajo la guía de dos  sacerdotes cercanos, el apoyo de nuestra familia (padres y hermanos) y de mucha oración, para Gloria del Señor pudimos prepararnos para enfrentarnos a todos los nuevos retos, levantarnos nuevamente y seguir a delante como matrimonio. Sin importar nuestro estado, nunca abandonamos lo sacramentos, logramos conseguir ambos trabajo, nos estabilizamos en muchos aspectos.
He entendido que la infertilidad no es una condición permanente que todas estas mujeres de la Sagrada Escritura que eran estériles dieron a luz hijos que fueron elegidos de Dios para cumplir su voluntad y que a través de intervención de Dios alcanzaron el favor de la maternidad, para Gloria del Padre. Todas ellas eran mujeres de fe, sumisas a la voluntad de Dios. Hay una cosa que estoy segura, daré testimonio y aun cuando la ciencia dice que no seremos padres, creo en un Dios que es misericordioso y poderoso ayer, hoy y siempre, creo en su palabra, creo en sus promesas y como estas mujeres, también contare la obra de Dios en mi vida.

Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Lucas 1, 36-37

Buscamos por muchos foros, donde nos ilusionamos pensando que tal vez tenemos algún síntoma de embarazo y luego de muchas pruebas con negativas que en el fondo desearíamos fueran defectuosas, después de ver manchas rojas en nuestra ropa interior iniciamos nuevamente la búsqueda de nuestro sueño, acá podemos hablar de una forma directa sobre lo que vivimos y conocer testimonios de personas que han lograron el milagro de encontrar un propósito a sus vidas sin hijos y otras que lograron su gran milagro de concebir después de una larga espera.



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