Lucas 1, 37 ...porque ninguna
cosa es imposible para Dios.»
No puedo entender, es normal no
entender, sin embargo que sea normal no lo hace menos doloroso.
Quisiera que mis anhelos si dispersaran por el viento, que cuando me levante no tenga más el deseo de ser madre. Duele mucho el pensar que probablemente nuestros pensamientos y tiempo se esté desgastando por algo no sabemos si algún día pasara.
Mujeres de la Sagrada Escritura
como Rebeca, Ana, Raquel, Isabel, la mujer de Manóaj y la sunamita que hospedaba al profeta
Eliseo, todas ellas pasaron por la triste situación de
ser llamada estéril (Que no puede reproducirse) muchas de ellas
sintieron el rechazo de la sociedad, tuvieron que pasar por
tormentosos comentarios y humillaciones que hacían más grandes sus
penas. Todas ellas acudían a Dios clamando por su misericordia y que
les concedieran la gracia de ser madre. Es que el anhelo de ser madre es
algo que nace del más profundo de nuestro corazón, algo que no se puede
explicar.
Cuando te
das cuenta que eres infértil, vives un camino de confusión y una lucha no solo
con tus pensamientos, si no con la presión de tu entorno, cuando te
realizan los siguientes comentarios: "ya queremos nietos", ¿Para
cuándo los niños?, "hay que tener los hijos rápido para
disfrutarlos", "el reloj biológico no se detiene" nadie
comprende el dolor que te causa el tener que escuchar una y otra vez lo mismo y
no poderles decir que no puedes hacer nada para cambiarlo. Yo viví algunas
etapas:
La primera
etapa es negarlo, inicias con respuestas como: queremos disfrutar nuestro
matrimonio, quiero terminar la casa primero, antes quiero seguir estudiando,
con el trabajo no tendría tiempo para un hijo o cualquier cosa que te haga
salir librada de tan terrible conversación, pues seguramente no
pasara mucho para poder dar la gran noticia, en esta etapa mi oración era muy
segura, pues pensaba como Dios no iba darme algo que es tan natural.
Segunda
Etapa. El tiempo avanza los comentarios siguen y el milagro no llega, no tener
con quien compartirlo es terrible, te sientes como si fueses un producto
defectuoso, cuántas mujeres sin desearlo salen embarazadas. Recuerdo dos casos
que me causaron mucha confusión, dolor y donde inicio mi etapa de enojo, una
fue de una conocida que llevaba una vida un poco alocada, es decir, salió
embarazada y no sabía ni quien era el padre de su bebe, no lo deseaba, no lo
buscó, tampoco tenía con quien compartir tan grande alegría, porque a ella si
me preguntaba, ya a estas alturas ya algunas personas cercanas sabían de
nuestro problema y se me ocurrió la mala idea de compartirle mi confusión y me
contesto que era una egoísta y que por creerme más que los demás no me concedía
Dios mi anhelo, me sentí terrible al punto que comprendí nadie entiende lo que
estoy viviendo si alguien tan cercano es tan indiferente a lo que siento, como
lo tomaran los demás. No era que no me alegrara porque los demás tenían hijos
es simplemente que no entendía porque yo no podía tenerlos. El otro caso fue un
matrimonio muy hermoso que después de planificar un par de años dicen este mes
dejamos de planificar y a la primera hemos podido concebir nuestro primer hijo,
mi corazón se alegró por ellos, pero mi interior se desmorono pensando lo que
nos aviamos esforzado con mi esposo, tantos intentos fallidos, tantas veces que
había llorado cuando mi menstruación había llegado como una señal de nuestro
fracaso. Acaso Dios a mí no me amaba era la voz que gritaba en mi interior,
contener mis lágrimas y mantener mi sonrisa era mi más grande reto. El
poder ser madre es un regalo de Dios (Génesis, 4,1), al no recibirlo podemos
caer en el terrible error de no sentirnos amadas. En esta etapa mi oración era
llena de resentimiento, enojo y frustración.
Tercera
etapa. La infertilidad ha sido algo que se han vivido mujeres en todos los
tiempos y hoy en día es muy normal escuchar de mujeres que sufren de lo mismo.
Lo difícil inicia cuando vemos que sus milagros van pasando y nosotras
seguimos esperando el nuestro y nos preguntamos ¿Qué estamos haciendo mal?
¿Cómo hemos de orar? ¿Qué más hacer?..
En esta
etapa no sé cómo orar, me sentía cansada, cuando las personas me preguntaban ya
explicaba sin ningún problema que era infértil, algunas personas me miraban con
lastima, otras como que estaba exagerando y otras pues como que no es la gran
cosa. Inician los consejos de todos tipos que también solían presionarme pues sentía
que ya lo había intentado todo.
Hasta el
momento sigo en mi búsqueda...
Mi historia,
2010 fue nuestro matrimonio, el 2011 diagnostican con problemas de infertilidad
a raíz de un problema de ovarios, iniciamos una búsqueda de tratamientos los
cuales fueron dolorosos y desgastantes emocionalmente y costosos.
Para el 2013
diagnostican infertilidad de origen no identificado y nos comunica la médico
especialista en fertilidad que en nuestro país no hay forma de seguir
tratando natural y nos recomienda fertilización invitro, nos informa no
seguirá llevando nuestro caso pues ese era el siguiente nivel recomendado, este
momento el más duro de todo nuestro matrimonio, como nuestra fe nos inspiró
someter nuestro anhelo a la voluntad de Dios y rechazar esta “solución” que no
es compatible con nuestra fe cristiana.
A raíz de
esa situación quede emocionalmente muy afectada solo en la oración pudimos
perseverar, en vista que las condiciones del trabajo en ese momento era de
estrés elevado y largas jornadas de trabajo (hasta 13 horas bajo presión)
después de mucha oración decidimos intentar todo lo que creíamos podría ayudar
y tomamos la decisión de renunciar a mi trabajo para poder descartar que eso
afectará, pero no mejoró, no dió resultado y económicamente se sintió más
presión y al no haber ayudado decidimos que regresaría a trabajar pero no
encontré empleo pues en las entrevista la causa de la decisión de mi renuncia
no era de ¨peso¨. En Junio 2014 buscamos otra opinión médica la cual me
indico exámenes y se vio la necesidad de Operación quirúrgica de mi esposo para mejorar nuestra condición y
probabilidades de fertilidad, sin embargo también no tuvimos resultados, la
segunda opinión nos indicó lo mismo de la primera, ya a estas alturas estebamos
muy dispuesto a seguir intentando y tomar riesgos e iniciamos a buscar
información sobre oportunidades que nos permitieran mejorar nuestra situación
en Houston, contactamos un centro especialista de fertilidad natural
apoyado por la Iglesia Católica, así que después de mucha oración, análisis de
todo lo vivido tomamos como matrimonio la decisión de irnos y
después de comunicarlo a nuestras familias.
Después de
ir al hospital nos explicaron que el método natural de fertilidad era por un
año y el mismo era muy costoso, adicional no estaba disponible sino hasta a
finales del 2015, discernimos que pese a todo cuestionamiento o incomprensión
de personas cercanas y lejanas no podíamos endeudarnos más y continuar allá. Nuestro
tema de infertilidad no lo expresamos como causa principal de viaje ya que
algunas personas no comprende mucho la importancia de este tema y hacen
comentarios sin mala intención pero que nos hieren o nos hacen sentir
incomprendido y preferimos evitar estas situaciones, por lo que la causa principal
de nuestro viaje la manejamos que era irnos a estudiar.
Aun bajo nuestros intentos, esfuerzos, oración, ayuno, rosario,
peregrinaciones, sacrificamos tiempo, dinero, trabajo, comodidades, familia,
vivimos carencias, etc. aun con todo esto logramos nuestros anhelos pero
sabemos que lo hemos intentado todo lo que hemos podido y nada lo hemos hecho
por impulsos, siempre confiando en que Dios, quien nos formó en humildad,
confianza en su providencia pues solo El, nos sostuvo y nos cuidó en todo
momento y estamos seguros que su voluntad es perfecta.
En nuestro regreso fue muy difícil, pues en ese momento pese a todos los
esfuerzos nos sentimos fracasado, sin muchas esperanzas, inició un proceso de
justificación que para muchos fue motivo de incomprensiones, recriminaciones,
duros juicios y rechazos, sin embargo lo que vivimos nos hizo muy fuerte
ante estas situaciones sin albergar resentimientos y bajo la guía de dos
sacerdotes cercanos, el apoyo de nuestra familia (padres y hermanos) y de
mucha oración, para Gloria del Señor pudimos prepararnos para enfrentarnos a
todos los nuevos retos, levantarnos nuevamente y seguir a delante como
matrimonio. Sin importar nuestro estado, nunca abandonamos lo sacramentos,
logramos conseguir ambos trabajo, nos estabilizamos en muchos aspectos.
He entendido que la infertilidad
no es una condición permanente que todas estas mujeres de la Sagrada Escritura
que eran estériles dieron a luz hijos que fueron elegidos de Dios para cumplir
su voluntad y que a través de intervención de Dios alcanzaron el favor de la
maternidad, para Gloria del Padre. Todas ellas eran mujeres de fe, sumisas a la
voluntad de Dios. Hay una cosa que estoy segura, daré testimonio y aun cuando
la ciencia dice que no seremos padres, creo en un Dios que es misericordioso y
poderoso ayer, hoy y siempre, creo en su palabra, creo en sus promesas y como
estas mujeres, también contare la obra de Dios en mi vida.
Mira,
también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el
sexto mes de aquella que llamaban estéril porque
ninguna cosa es imposible para Dios.» Lucas 1, 36-37
Buscamos por muchos foros, donde nos ilusionamos pensando que tal vez tenemos algún síntoma de embarazo y luego de muchas pruebas con negativas que en el fondo desearíamos fueran defectuosas, después de ver manchas rojas en nuestra ropa interior iniciamos nuevamente la búsqueda de nuestro sueño, acá podemos hablar de una forma directa sobre lo que vivimos y conocer testimonios de personas que han lograron el milagro de encontrar un propósito a sus vidas sin hijos y otras que lograron su gran milagro de concebir después de una larga espera.


